Por muchas razones, tomar la decisión de institucionalizar al adulto mayor, es un proceso que suele ser sumamente complicado para todas las partes involucradas, pues mientras que, por una parte, los hijos y familiares suelen sentir mucha culpa, la persona en cuestión acostumbra a manejar sentimientos de abandono y frustración que convierten la sola posibilidad, en un verdadero drama.

Cuando definitivamente los padres no pueden cuidarse por sí mismos y los hijos, aunque lo desean, no cuentan con el tiempo y los medios para garantizarles el bienestar que se merecen estando en casa, el ingreso a una residencia de ancianos se contempla como una alternativa que puede representar muchos beneficios siempre y cuando ocurra dentro de unos cuantos parámetros que ayuden a que la elección sea sana para todos los actores involucrados.

Las residencias para mayores no son una mala opción

Ante los muchos mitos que circulan sobre estos centros de cuidado de personas mayores, es casi que de esperarse que los hijos tengan muchas reservas al momento de considerar la institucionalización de su ser querido, sin embargo, vale la pena reflexionar sobre lo siguiente:

  • Ingresar a los padres en una residencia no es igual a abandonar: se trata de sitios que disponen de personal cualificado para ocuparse de labores que los hijos simplemente no podrían realizar, asimismo, sus instalaciones se encuentran pensadas para que los ancianos puedan disfrutar de una amplia variedad de actividades de esparcimiento; cabe añadir que los hijos que se hacen cargo, suelen deteriorarse física y mentalmente, así que es una solución que les permite estar bien a ambos.
  • Existe un protocolo de adaptación: la mayoría de estas instituciones ofrecen el acompañamiento de sus profesionales para que padres e hijos pasen por las respectivas fases de adaptación hasta acoplarse a sus nuevos estilos de vida. La idea es que todos puedan acomodarse a la nueva situación sin resentimientos o culpas de por medio y esto requiere de orientación especial.
  • Las residencias no son para ir a morir: erróneamente, el anciano suele pensar que lo dejarán allí para que muera solo, idea totalmente equivocada ya que estos centros manejan diferentes modalidades en las que incluso pueden pasar ciertos días en casa.
  • Mientras que en casa todo es alegría, en las residencias reina la tristeza: nada más falso que este supuesto, en estos lugares existe la programación del tiempo, las tareas, la recreación y la posibilidad de compartir con muchas personas que se convierten en amigos.

No es sencillo, pero a veces es necesario

Es fundamentar tomar conciencia de la situación y reconocer que a veces la ayuda es necesaria; algo crucial es nunca mentirle al anciano sobre esta opción diciéndole, por ejemplo, que será cosa de unos días cuando no será así.

Aparte de que tendrán atención las 24 horas del día, los familiares siempre tendrán las puertas abiertas para seguirlos acompañando, así que se trata más que nada de un acto de amor para garantizar que se encuentren siempre bien.